tu casa, tu museo, tu mausoleo 


Los visitantes, en la búsqueda bulímica y ansiosa del arte en Venecia, han derrumbado la torre de San Marcos cómo ocurrió, ya, en el año 1902. Han dejado la plaza llena de escombros y manifiestan, insitu, su afán posesivo - coleccionista de la cultura y del arte.

Llenan, por ello, sus bolsillos de piedras...


Este ansia hizo desaparecer demasiado rápido el auténtico espectáculo en el que se estaba manifestando la arquitectura, en su derrumbe.

Veinte mil turistas viajan cada día a Venecia y veinte mil turistas se llevaron la torre, ese mismo día, a sus lugares de regreso.


El abismo fue provocado por la excavación de aquellos que creían que estaban queriendo aún poco y que, excitados por el deseo de querer y querer más, han llegado a la capa sedimentaria más profunda - y por ello, más antigua - de Venecia. El agua contenida en el abismo se convierte, porfín, en un espejo y proyecta


- ¿no queríais un espacio de proyección? -

el cielo, su paralelo.


Pocas veces se refleja más que el cielo en este agujero que -a su vez - ha sido proyectad transgresor, vergonzoso, culpable, crudo, literario. Maleducado: los venecianos están muriendo y el arte no les deja sitio para ser enterrados...


El abismo es su cementerio, donde se proyecta el duelo de una mujer que llora a su marido.

El abismo es la escena real de un cuadro - El entierro de Courbet - que no te atreves a mirar, si no es en un museo.

El cuadro - que he proyectado - es el duelo de Venecia,

hacia sus venecianos.